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Desde el zar caído y un siniestro personaje de su corte, hasta los propios artífices de la Revolución que lo derrocó y algún antibolchevique que emprendió la lucha contrarrevolucionaria, los encontrarás a todos en esta selección de protagonistas de la historia rusa en torno a aquel octubre de 1917.
10 figuras clave de la Revolución rusaCopilot / Pablo Mora
1. Nicolás II, el último rey ruso
Su nombre evoca el crepúsculo de una época. Nicolás II, el último zar de Rusia, vino al mundo en Pushkin el 6 de mayo de 1868. En calidad de primogénito del heredero al trono –el futuro Alejandro III–, estaba llamado a convertirse en el hombre más poderoso de la nación.
Con 19 años ingresó en el ejército, ascendiendo al grado de coronel tras tres años de servicio. Nicolás encontró su verdadera vocaciónen el campo de batalla; los quehaceres palaciegos y los intrincados asuntos de la política despertaban en él mucho menos interés, un verdadero hándicap habida cuenta de los tiempos tan convulsos que estaban por llegar.
Y estaban por llegar muy pronto: una enfermedad del riñón terminó con la vida de Alejandro III en octubre de 1894 y llegó el turno del reticente heredero,que siempre se vio incapaz de asumir la enorme tarea.
Fuera del ambiente castrense se sentía minúsculo ante la enorme responsabilidad que debía asumir, pero no tenía elección; contrajo matrimonio con la princesa Alix de Hesse, futura Alejandra Fiodorovna Romanova, y en noviembre de ese año fue coronado zar de Rusia.
Nicolás II, el último rey rusoGetty Images
Nula conexión con el sentir popular
Mientras transcurría la ceremonia y el matrimonio celebraba la ocasión con toda la pompa posible, 1.389 personas fallecieron en las afueras de Moscú, en el transcurso de los festejos, a consecuencia de una letal estampida. La escasa empatía mostrada por el Zar hacia las víctimas le granjeó ya desde el inicio la hostilidad de sus súbditos, que no haría sino ir en aumento con el paso de los años.
Nicolás se esmeró en preservar los equilibrios geoestratégicos y la posición de Rusia en el concierto internacional, sin aventurarse a nuevas y costosas campañas de conquista y anexión de territorios. Con todo, la construcción e inauguración del Transiberiano, el tren que llegaba hasta el Pacífico, despertó los recelos de Japón y en 1904 se desató la Guerra Ruso-Japonesa, sellada con una humillante derrota para Nicolás.
Su reputación menguaba también de puertas adentro a causa, sobre todo, de la masacre perpetrada por el ejército en San Petersburgo contra más de mil manifestantes, que marchaban pacíficamente demandando la mejora de sus condiciones laborales y la creación de una asamblea popular.
La matanza desencadenó una huelga y protestas en todo el país; finalmente, el Zar hubo de claudicar y dio luz verde a la creación de la Duma, la primera asamblea representativa rusa.
Durante la I Guerra Mundial estuvo casi totalmente ausente de Moscú, propiciando que la emperatriz Alejandra diera un paso adelante, espoleada por la influencia de Rasputín. Mientras, el país se desangraba por la inflación desbocada y los altísimos índices de pobreza.
El final de una dinastía
Las protestas incontenibles desencadenadas en San Petersburgo en febrero de 1917 precipitaron los acontecimientos. La Duma eligió un comité provisional, con Nicolás aún ausente por sus obligaciones militares. Desbordado por todos los frentes, el Zar se vio obligado a abdicar el 5 de marzo de 1917, y los Romanov fueron puestos bajo arresto domiciliario.
En octubre estalló la Revolución bolchevique, que depuso al gobierno provisional. Nicolás y su familia fueron ejecutados el 16 de julio del año siguiente. Caía así la dinastía Romanov y nacía, como consecuencia, una nueva Rusia.
2. Rasputín, el arte de la manipulación
No es sólo uno de los personajes más turbios y maquiavélicos de la Historia rusa, sino también un icono universal del arte de la manipulación, elcomplot y la maquinación. Lo cierto es que Rasputín es figura histórica y mito a partes iguales. Nacido en 1869 en el seno de una familia campesina de Siberia, Grigori Yefímovich Rasputín apenas asistió a la escuela.
Era semianalfabeto y, sin embargo, desde niño generó una extraordinaria fascinación en todos los que lo rodeaban; sus vecinos decían que poseía poderes sobrenaturales. En cualquier caso no estaba hecho para una vida corriente y convencional y, tras un fallido intento de hacerse monje ingresando en el Monasterio de Verjoturie, en los Urales, contrajo matrimonio con Praskovia Fiódorovna recién cumplidos los 19 años.
El inquieto Rasputín, con todo, notardó en dejar atrás a su esposa y a los tres hijos resultantes de su relación con ella para recorrer mundo, viajando por Grecia, Oriente Medio y Tierra Santa.
Son numerosas las leyendas sobre el místico y charlatán Rasputín, que tuvo un enorme ascendente sobre la zarina.Getty Images
Un curandero en la Corte de los Milagros
Regresó a Rusia, vía San Petersburgo, en 1903. Se presentó en la capital como un místico de renombre, poseedor de extraordinarios poderes curativos, y logró embaucar al mismísimo zar Nicolás y muy especialmente a su esposa Alejandra. Desesperados por la enfermedad del pequeño Alexis, que padecía hemofilia, decidieron fiar la sanación de su hijo al enigmático Rasputín. Lo cierto es que Alexis mejoró en las semanas sucesivas y, naturalmente, la zarina asumió que el “milagro” se debía a los sabios cuidados del recién llegado.
Desde entonces se estableció un vínculo irrompible entre Alejandra y Rasputín, sobre cuya naturaleza se han vertido ríos de tinta. Quizá fueran amantes, pero lo cierto es que, en contra de lo que tradicionalmente se asumió como cierto durante mucho tiempo –a saber, que Rasputín era un amante excepcional y que las mujeres se rendían ante sus artes amatorias–, recientes estudios sugieren que en realidad era impotente.
Sea como fuere, el “sanador” de Alexis se hizo un hueco en la corte y, a partir de 1906, fue una de las compañías más habituales del Zar y de su esposa. Este extraño vínculo no hizo ningún favor a la familia real, desprestigiando aún más si cabe a Nicolás y su esposa por su empeño en cultivar los lazos con un personaje tan excéntrico y oscuro.
Se ha exagerado hasta la saciedad la influencia política ejercida por Rasputín sobre el propio Zar, pero lo cierto es que a partir de 1915, con Nicolás ausente de la corte tras el estallido de la I Guerra Mundial, el “monje” ejerció una gran influencia sobre Alejandra, a cargo de facto de las responsabilidades de gobierno.
Se convirtió en su consejero más próximo, maniobrando para deponer a ministros y oficiales que no eran de su gusto. Alejandra daba cada vez más y más protagonismo a Rasputín, por lo que, en la noche del 29 de diciembre de 1916, un grupo de conspiradores, entre los que se contaba el primo del zar Dmitri Pávlovich, envenenó al consejero en el transcurso de una cena. El brebaje no surtió el efecto deseado, por lo que lo remataron a tiros y arrojaron luego su cuerpo al río Neva.
3. Lenin, el pilar de la Revolución
Vladímir Ilich Uliánov, más conocido como Lenin, alma y arietede la Revolución rusa, nació en la localidad de Simbirsk en 1870. Su ardor revolucionario fue precoz, pero en verdad se crió en una familia de clase media con un nivel sociocultural bastante alto, estable y bienavenida. La chispa que encendió el fuego saltó cuando Lenin tenía 17 años.
Su hermano mayor Alexandr, estudiante universitario, fue puesto bajo arresto, juzgado y ejecutado por haber participado en un complot para asesinar al zar Alejandro III. Su padre había fallecido recientemente, con lo que Vladímir hubo de ocupar el lugar del cabeza de familia.
La tragedia le empujó a seguir los pasos de su hermano en el activismo político. Matriculado en la Universidad de Kazan para estudiar Derecho, no tardó en ser expulsado por su participación en una manifestación estudiantil, circunstancia que aprovechó para “exiliarse” a la casa de campo de su abuelo en Kokushkino, donde se empapó de literatura revolucionaria y leyó por vez primera El Capital de Karl Marx, que causó un hondo impacto en el joven Lenin.
El gran líder de la Revolución bolchevique, Lenin, se dirige a la multitud en la plaza Roja de MoscúGetty Images
La forja de un revolucionario
Su pensamiento político estaba cuajando definitivamente, radicalizándose a marchas forzadas. Terminados sus estudios de Derecho en 1892, se estableció como abogado en Samara, donde defendía los intereses, fundamentalmente, de campesinos con escasos recursos.
Cada vez más entendía la dramática situación social en la que estaba inmersa Rusia como un ejemplo cristalino de la lucha de clases de su admirado Marx. Así, con la inquietud de volar alto, se mudó a San Petersburgo, donde entró en contacto con círculos marxistas y se implicó en actividades subversivas, hasta que en 1895 fue arrestado y exiliado a Siberia durante tres largos años.
Tras cumplir su período de ostracismo decidió poner rumbo a Alemania y se instaló en Múnich, antes de regresar finalmente, a San Petersburgo para convertirse en uno de los cabecillas del movimiento revolucionario. Los acontecimientos trágicos del Domingo Sangriento (9 de enero de 1905), en el que cientos de manifestantes contra el Zar fueron tiroteados, fueron la chispa que Lenin y los suyos necesitaban para derribar el sistema de una vez por todas.
Durante la I Guerra Mundial, el líder bolchevique volvió a emprender el camino del exilio, esta vez en dirección a Suiza, donde redactó Imperialismo: La fase superior del capitalismo imantes de regresar en 1917 precipitadamente a Rusia, donde el Zar acababa de ser depuesto en el mes de octubre, para ponerse al frente de la Revolución derrocando al gobierno provisional.
José Luis Hernández Garvi
Tras las purgas del Terror Rojo, la cruenta guerra civil, las hambrunas y las huelgas y protestas organizadas contra su propio gobierno, su salud comenzó a resentirse. Sufrió un primer derrame cerebral en mayo de 1922 y el segundo en diciembre.
Consciente de la necesidad de abandonar el primer plano, rumió su decepción por el rumbo que el partido había decidido tomar y que, a su juicio, se apartaba por completo de los objetivos iniciales de la Revolución. En la primavera de1923 su salud empeoró, y el 21 de enero de 1924 falleció en la actual Gorki Leninskiye.
4. Trotski, el díscolo revolucionario
El hijo rebelde de la Revolución de octubre fue bautizado como Lev Davidovich Yanovka y vino al mundo en Ucrania el 7 de noviembre de 1879. Comenzó a flirtear con el marxismo en su época de estudiante en Nikolayev y no tardó en hacerse un nombre como activista participando activamente en la fundación del Sindicato de Trabajadores del sur de Rusia, lo que le costó su primer arresto en 1898.
Pasó dos años en prisión en espera de juicio y finalmente fue sentenciado a cuatro años de exilio en Siberia, hasta que en 1902 decidió escapar rumbo a Londres, donde se afilió al Partido Socialista Democrático y donde conoció a Lenin, que lo convirtió en uno de sus hombres de máxima confianza.
Los dramáticos acontecimientos del Domingo Sangriento precipitaron su regreso a Rusia; se puso al frente de las protestas y, por ello, fue nuevamente arrestado y enviado a Siberia por segunda vez. Dos años después logró escapar de nuevo y viajó durante diez años por Europa, recalando finalmente en Nueva York, donde se dedicó a escribir artículos en diversas publicaciones revolucionarias. La caída del Zar en febrero de 1917 fue la excusa que necesitaba para volver a casa.
El heterodoxo ideario de Trotski, defensor de la revolución permanente, le hizo chocar enseguida con StalinAHR
Una vez de regreso, encabezó la oposición al gobierno provisional ganándose la enemistad de Kérenski, lo que se tradujo en su enésimo arresto, fugaz en este caso, ya que no tardó en afiliarse al Partido Bolchevique de Lenin. Liberado, fue elegido presidente del Soviet de Petrogrado.
Tras la caída del gobierno provisional, Trotski asumió un rol protagónico a la sombra de Lenin, en calidad de comisario de Asuntos Exteriores, con la difícil tarea de negociar la paz con Alemania. Pronto surgieron las primeras desavenencias con Lenin sobre la estrategia a seguir, lo que terminó por forzar la dimisión de un Trotski que, con todo, seguía siendo uno de los hombres fuertes del nuevo gobierno.
Lenin le encargó la delicada misión de hacerse cargo del mando del Ejército Rojo y demostró ser un magnífico comandante, llevando a sus huestes a la victoria sobre el Ejército Blanco.
Caída en desgracia, expulsión de la URSS y muerte
Elegido miembro del Comité Central del Partido Comunista, pronto volvieron los desencuentros con el líder, a colación del papel de los sindicatos que, en contra del criterio de Lenin, Trotski pretendía situar bajo estricto control del Estado.
Su posición en el partido se fue debilitando poco a poco en favor de otros “delfines” de Lenin, como Iósif Stalin. La delicada salud del líder abrió en 1922 el debate de la sucesión. A priori, Trotski era el mejor posicionado para ser el heredero, pero se había forjado muchos enemigos en el Politburó.
Nombrado secretario general del Comité Central, Stalin comenzó a maniobrar para quitárselo de en medio. Muerto Lenin, su mejor valedor, Trotski estaba a merced de sus enemigos. Expulsado del Comité Central, sufrió ostracismo en Kazajstán y, finalmente, fue expulsado de la URSS definitivamente.
Acabó sus días en Ciudad de México y fue una de las principales víctimas de las purgas de Stalin, al igual que todos sus partidarios. El 20 de agosto de 1940 fue asesinado por un agente de la policía secreta de la URSS, el español Ramón Mercader.
5. Kornílov, el general rebelde
Hijo de un oficial cosaco destacado en la región del Turquestán, Lavr Kornílov, nacido en 1870, mamó los valores castrenses y la disciplina militar desde niño. Ingresó en la Academia de Cadetes, donde obtuvo unas calificaciones excepcionales, y completó su formación en la Academia de Artillería Nikolaevsky de San Petersburgo.
Se graduó en 1892 con un historial brillante y el rango de alférez, y eligió su Turquestán natal como destino. Los conflictos fronterizos con Persia, Gran Bretaña y Afganistán habían convertido esta región en campo de batalla permanente, y Kornílov aprovechó la ocasión para convertirse en uno de los militares mejor preparados del ejército ruso.
Exploró la región a fondo y aprendió multitud de lenguas (llegaría a dominar el ruso, el francés, el alemán, el inglés, el persa, el kazajo, el urdu y el chino) antes de regresar a San Petersburgo para ingresar en la Academia Militar y adquirir galones. De hecho se graduó con el grado de capitán, y puso rumbo de nuevo a Asia Central, donde realizó durante varios años impagables labores de inteligencia aprovechando su conocimiento del terreno y su capacidad para hablar múltiples lenguas. Kornílov cartografió las regiones fronterizas, explorando montañas y desiertos y las antiguas rutas caravaneras que cubrían la distancia entre el Turquestán y China.
En esta instantánea tomada el 1 de julio de 1917, Kornílov, todavía leal al gobierno de Kérenski, pasa revista a las tropasGetty Images
Antimonárquico y antirrevolucionario
En 1904 estalló la Guerra Ruso- Japonesa, un desastre militar para Rusia en el que, no obstante, Kornílov se forjó una excelsa reputación. En los años sucesivos, hasta 1911, fue agregado militar en China, donde contribuyó sustancialmente a robustecer las relaciones bilaterales entre los dos países.
Pero el estallido de la I Guerra Mundial iba a llevar al país al límite de su resistencia, y Kornílov, como siempre, estuvo en primera línea. Al mando de una división de infantería volvió a dar muestras de su genio militar en la región de Galitzia, rompiendo la línea de defensa austrohúngara. Fue capturado por el enemigo, pero el avispado comandante se las ingenió para escapar y fue recibido en San Petersburgo como un héroe y ascendido a teniente general.
Kornílov se encontró un país al borde del colapso. Aplaudió la deposición del Zar, ya que era un convencido antimonárquico, pero no albergaba simpatía alguna por los revolucionarios. Aun así, ante la delicadísima situación de los intereses rusos en la guerra, fue nombrado Comandante en Jefe de las fuerzas armadas del gobierno provisional.
El entendimiento inicial con Kérenski se tornó en abierta hostilidad a finales del verano de 1917, y Kornílov intentó organizar a sus huestes para dar un golpe de Estado, que fracasó y empujó al presidente del gobierno a cesarlo y encarcelarlo.
Una vez más logró escapar, en compañía de otros generales hostiles a la Revolución. Se hizo entonces cargo del mando del Ejército Blanco, formado por voluntarios, último dique de contención contra el Ejército Rojo, y luchó hasta el fin en una causa perdida. El 13 de abril, durante el asedio de Ekaterinodar, fue alcanzado por una granada y murió en el acto.
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