Los estudiantes se encontraban en la clase de literatura, discutiendo sobre el último libro que habían tenido que leer como parte de su programa de lectura. El profesor les había pedido que compartieran sus opiniones sobre la obra y si les había gustado o no.
Uno de los estudiantes levantó la mano y dijo: “Creo que el libro era demasiado largo y aburrido. Me costó mucho terminarlo y no me enganchó en ningún momento”. Otros estudiantes asintieron en acuerdo y comenzaron a expresar sus propias opiniones sobre el libro.
El profesor escuchó atentamente y luego preguntó: “¿Por qué creen que el libro era aburrido? ¿Qué les pareció demasiado largo?”.
Un estudiante respondió: “Había muchas descripciones innecesarias y detalles que no aportaban nada a la trama. Además, la historia se desarrollaba muy lentamente y no había suficiente acción para mantener mi interés”.
Otro estudiante agregó: “También había demasiados personajes y me costaba recordar quién era quién.